La Casa del Rio

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En la casa del rio fue la primera vez que me encontré desnudo. Ella supo mirarme debajo de la piel, de escudriñar las esquinas de mí yo, de indagar los silencios de mis sueños, de encontrarme donde habitaba.
La recuerdo mirándome al despertar envuelta en su chal, en silencio. Sus ojos claros brillando con las primeras luces del día, renovando lo que nos prometimos en silencio la noche anterior.
No recuerdo cómo la conocí, pero si nuestras primeras palabras. Fue una tarde fría de marzo, caía aguanieve. Trabajábamos de voluntarios durante la pandemia. Le ofrecí una chaqueta más gruesa y ella me devolvió unas gracias que se alargaron durante un café posterior. Desde entonces, el tiempo y las ganas nos fueron juntando.
Ahora la observo frente a mí, callada, sonriendo, serena, satisfecha por haberme despojado de todas mis prendas, de todas mis ataduras. Y yo, libre de decirle lo que ella ya sabía.

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