
Ponte romano de Vilariño
Colgado, en uno de los chopos que le dan sombra, un sobre guardaba unas líneas manuscritas en un papel de seda. El tiempo les había dado color, pero su esencia aún la guardaba.
| … y el tiempo se hizo olvido. Sus manos, sus labios, sus risas, se fueron perdiendo tras las puestas de sol. Solo me quedaba el recuerdo de su nombre, de saberla en la distancia. Pequé de ignorante al desechar su atención, era mi sino. Dejar ir lo que se ama, lo que se anhela, lo que se sueña. Nada suplirá su vacío, sólo mi deseo de volver a verla, sólo mis ganas de mirarme en sus ojos, sólo el silencio de un sí que me aterra… |
