La Chamana

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Llegar a ella no me fue fácil. Como imaginaba, necesité de ayuda para conseguir ser recibido. 
No necesité hablar, miró mi espíritu y supo a lo que iba. Desde entonces, las marcas que hizo en mis manos acompañan su recuerdo en mi vida. Su sanación fue duradera. En mis sueños ya no aparecieron mas las sombras y los miedos.
Allá donde esté, mi agradecimiento por ese viaje lleno de infortunios, del que volví seguro de no vivir encerrado en la misma vida una y otra vez.

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