Carácter

Publicado el

Tirso nació rebelde. Nació tres semanas antes de los cálculos de todo el mundo. Fue muy peleón en la tripa de su madre, salió antes de tiempo y desde entonces dando guerra.
Nunca encontró un sitio en el que estar a gusto, nunca dejó en paz a los que le rodeaban y nunca venció los demonios que en su cabeza rondaban, por eso, se radicalizó en su forma de vestir, de hablar, de ser y de comportarse. El cuero, las crestas y los piercings eran su tarjeta de presentación.
Lo conocí con dieciséis años, cuando aún la minoría de edad le ataba al dictado de unos padres, que, desesperados, por enésima vez, buscaban dónde llevarlo y que se obrase algún milagro con el. El dolor y la desesperación de su madre, al firmar la matrícula en mi centro, era la imagen de la herida que se abrió la primera vez, que siendo niño, la empujó e insultó al ser reprendido por ella, por romper un juguete de su hermano mayor, que le rehuía y no jugaba a lo que quería. Una herida que aún seguía abierta y por la que sentía que se le iba a ir la vida.
Sus ojos, inyectados en rabia la primera vez que le corregí, fueron el comienzo de dos años de trabajar la paciencia, la norma, la empatía. Nada fue fácil con él. 
Los lunes llegaba con la resaca de un fin de semana de no pasar por casa. Cualquier cosa le servía mientras pudiese pagarla para callar los demonios. Pero estos, el martes, ya estaban de vuelta, insistiendo en jugar con su ánimo y su carácter.
Durante un año, el trabajo con el, al igual que con otros chicos, fue de aplicar paciencia y buen hacer, hasta que se encuentra un resquicio por el que atravesar la coraza con la que se aíslan del mundo. Una vez conseguido, poco a poco, los atraes a tu terreno y comienzas a moldear el niño rebelde que hay dentro.
Descubrí que sentía una atracción desmedida por el anarquismo, por autores como Proudhon y Bakunin, de los que leía todo lo que encontraba. Así que me puse a leerlos también, para tener algo con que conectar con el.
Poco a poco, las frases breves que cruzábamos se fueron convirtiendo en charlas que a los demás les parecían un aburrimiento. La coraza se abrió lo suficiente para que de vez en cuando, su sonrisa, iluminase unos ojos que se teñían con una mirada de un color totalmente distinta.

Los dos años pasaron volados, y al irse, las gracias, juntas al abrazo de despedida, evitando pincharme con las crestas, supieron a trabajo bien hecho.

Unos años después vino al centro a recoger un certificado olvidado. Su mirada había cambiado, como su aspecto, en parte. Sólo conservaba la chupa de cuero y algún aro en la oreja izquierda. Las crestas, dijo haberlas perdido en una apuesta, mientras me guiñaba un ojo con esa sonrisa cautivadora y la cabeza rapada.
Me contó que vivía con una chica y que se buscaba la vida de jardinero. Que había encontrado, en ese trabajo, una forma de expulsar los malos rollos fuera y que ya no se metía en líos. Que comía los fines de semana con sus padres y que estaban bien. Que llegó a pedirles perdón, porque sabía que había sido un cabrón con ellos.
Al irse, supe que otra parte de su coraza había caído, pero que mantenía la lucha por que no se volviese a cerrar. Sus demonios estaban en reposo, y confío en que aún sigan.

En cualquier sitio, te puedes encontrar a quienes luchan con sus demonios de una u otra forma, bajo apariencias que pueden ocultar su verdadero yo en esa lucha. Ayudarlos no es fácil. Comprenderlos cuesta. Darles su espacio y estar ahí cuando es necesario, puede ser la línea en la que se fijarán para salir, para abrirse, para realizarse.

Please follow and like us:
Pin Share

2 respuestas a “Carácter”

  1. ¡ Me ha encantado!
    Me suena mucho la historia de esa vida repleta de demonios no apartados de tu vida aunque parezca que sí.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *