El Tiempo Lineal

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El día se le estaba haciendo largo y tedioso. Por más que miraba la hora en su reloj las agujas parecían estar inmóviles, sin moverse dentro de la esfera.
Aunque no paraba de hacer cosas, preparando tareas para las clases que le quedaban en la semana, el tiempo parecía haber cambiado de velocidad, como si alguien hubiese pulsado una tecla de ir a cámara lenta. Mirando las agujas del reloj en su lento progreso, se abstrajo, recordando lo que tiempo atrás alguien le contó sobre la linealidad o ciclos del tiempo.
Según esas definiciones, el tiempo es un concepto cuyo valor lo podemos entender en clave lineal o en clave cíclica.
La clave lineal es en la que se sustenta nuestro concepto actual del tiempo. La crearon los romanos hace unos dos mil años. Es decir, si lo comparamos con la aparición del ser humano, por ejemplo, llevamos una pequeña parte de nuestra existencia utilizando este tipo de tiempo, y sólo en algunos sitios del planeta. Este concepto lineal, se creó para optimizar la vida y maximizar nuestra productividad. Sin la existencia del reloj, el sol marcaba el tiempo, midiendo tres puntos temporales; el amanecer el mediodía y el ocaso.
Fueron los romanos los que inventaron el reloj, dividiendo la superficie en doce partes (horas). Así pues, el día tenía doce horas, y la noche no contaba. Dependiendo de las estaciones, el día era más largo o más corto, por lo que las horas cambiaban de duración, adaptándose a la estación en curso y a la situación en la tierra. Como se ve, es difícil hacer coincidir un mismo valor para cada uno en un momento determinado dependiendo de dónde estás y la estación en la que te encuentras, cosa que un reloj se empeña en hacernos creer.

El tiempo cíclico, es un tipo de tiempo que se percibe y siente como natural. Se caracteriza por percibir el tiempo como una espiral, no como una línea. Es decir todo es un ciclo, todo vuelve y se va para volver. El tiempo cíclico lo vemos en la naturaleza, en la salida del sol, las fases lunares, las estaciones, los ciclos del agua, el nacer y muerte de los animales, etcétera. Es como funciona la vida, a la que es difícil medir. Por eso, si nos enmarcan dentro del concepto espiral, es fácil entender porque a veces el tiempo pasa en un suspiro y otras veces, se hace eterno. Porque un día, un mes, un año, tienen medidas distintas según nuestra propia apreciación o la de otra persona.

El ruido de la puerta le hizo volver a su presente (tal vez el lineal, tal vez el cíclico…).
Cris, do you come to snack? Cristina asintió con la cabeza, se levantó y fue hacia la sala donde el olor a te de frutas le fue guiando.
De regreso a casa, mientras esperaba el cambio de color de un semáforo, vio un cartel en una tienda de copistería; No vivas en el pasado, no imagines el futuro, concentra la mente en el momento presente.
¡Vaya, hoy todo va de tiempos!, pensó.

Esa noche durmió profundamente, el cansancio la hizo acostarse temprano. Tal vez el propio cansancio la indujo a tener sueños muy vividos.
Dos días antes, en una de las salidas del trabajo con los alumnos, fue a la sinagoga Chabad Lubavitch Center, donde trabajaron la interculturalidad. En el devenir del sueño, mientras explicaban el shabat, un rabino anciano se le acercó, le cogió de la mano izquierda y le susurró algo en hebreo. Cristina se quedó sorprendida y sólo atinó a decir un thanks tardío, mientras veía alejarse al encorvado rabino, cuya presencia hasta ese momento le había pasado inadvertida. Luego fue reviviendo a trozos fases del día que no tenían mucho sentido.
La melodía del móvil la despertó y le devolvió a la realidad. A un presente lineal o cíclico, en el comienzo de un nuevo día. Atravesó el pasillo que unía su cuarto con el baño entre bostezos en voz baja, no quería despertar a Laia, que aún dormía.
Fue al secarse, tras lavarse la cara, cuando se dio cuenta que en la muñeca de su mano izquierda tenía una pulsera de color rojo. Se quedó mirándola un rato, intentando saber cómo había llegado hasta su muñeca. Vio que era un cordón fino, trenzado, atado con siete nudos. De pronto, vino a su recuerdo el viejo rabino cubriendo su mano con las suyas. Intentó recordar lo que le dijo, el momento, pero no lo consiguió.
Mientras tomaba su Cola Cao con grumitos miraba la pulsera en su muñeca, intentando descifrar si su presencia tendría algún significado. ¡Tal vez…! pensó.


La pulsera roja está ligada a una secuencia de siete nudos, de los cuales cada uno simboliza una dimensión espiritual que termina infundiendo en nuestra realidad.
El color rojo, se relaciona con la advertencia del peligro. Al enlazarnos esta pulsera roja en nuestra muñeca, nos protegeremos de las malas energías que podemos recibir a causa de miradas mal intencionadas y envidiosas.
Se debe llevar alrededor de la muñeca izquierda. El brazo y la mano izquierda representan la recepción, mientras que el brazo y la mano derecha encarnan el poder de dar. En consecuencia, las fuerzas negativas penetran en el cuerpo por el lado izquierdo. Al llevar el hilo rojo en la muñeca izquierda, interceptamos estas energías negativas justo en el lugar por donde ingresan.
Al momento de ponerte la pulsera debes tener pensamientos positivos, no debes maldecir a la gente, esto se hace con el fin de recibir lo mismo.
En caso de que el hilo se rompa simplemente es un indicador de que ya absorbió demasiada negatividad y es hora de cambiarlo. Simplemente déjalo en el lugar donde haya caído, pero deséchalo en caso de que haya quedado en tu casa o en alguno de los lugares en los que pasas mucho tiempo.

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