Las Preguntas y Las Respuestas

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Cuando bajé del campanario, la Eulogia me esperaba inmóvil, con las manos cruzadas sobre la tripa. La chaqueta de chándal sobre el vestido de labores caseras y el pelo gris cortado a tijeretazos le daban un aspecto rural total.
– ¿Qué, de visita? ¿La gustao? – me soltó según bajaba.
Le contesté con sarcasmo que – más de un lao que del otro -.
Me contó que le gustaba ver a gente joven por el pueblo, y que mi acento le parecía de por allí. Le dije que un bisabuelo mío había desaparecido por esos montes, que venía a seguir sus pasos. Así que, retomando el sarcasmo, le pregunté que donde era el mejor sitio para perderse por aquellos parajes. Me contestó – Ancá la Petra, allí terminaron por parar to los hombres del pueblo y casi los de estos montes. Saliendo pal puerto, el caserón marrón. Allí iban a dejarse los cuartos y las ganas, y algunos hasta los calzones. Cerró hace treinta años, pero si quiere ir a preguntar…-
Me guiñó un ojo y se excusó diciendo que se iba a hacer la comida, que se le hacía tarde.
Me hizo gracia, en el camino siempre encuentras rivales a tu locura, y no siempre sabes de que lado de ella están.

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