
Caminó impaciente por las calles del zoco. Había llegado con bastante anticipación, por lo que decidió pasear mirando las tiendas en las intrincadas callejuelas.
En el interior de una tienda, le llamó la atención un vestido de diseño retro con muchas líneas y colores, y decidió entrar a verlo. Terminó por desistir. No se veía esa tarde probándose un vestido y decidiendo si le quedaba bien o no. Su cabeza estaba pendiente de la hora a la que había quedado, y se sentía algo nerviosa, por lo que las dudas no la dejaban decidirse. Continúo paseando por las callejuelas, dejándose llevar, sin rumbo.
Entró en una tienda alargada que parecía no tener fin, atraída por que vendían todo tipo de objetos de piel. Se probó unas botas de caño alto y suela enorme, que le hacían crecer unos siete centímetros más. Pero tampoco se decidió, titubeó unos minutos mirándolas y terminó también por desistir.
Al salir de la tienda, un matrimonio mayor le hizo la advertencia de que su chaqueta, de color beige, tenía una ostentosa mancha, con restos de algún roce, recuerdo de las intrincadas callejuelas. Amablemente, le ayudaron a limpiar en lo que se pudo la chaqueta, pero al final, quedó un cerco que delataba la mala suerte del roce. Les agradeció el detalle de avisarla y ayudarla. Pensó, si eso arruinaría en parte la cita, o era una señal. Tenía muchas ilusiones puestas en volver a encontrarse en persona, después de noches y noches de WhatsApp, en las que los dos habían ido acumulando un deseo irrefrenable de verse.
Cuando se encaminó hacia la salida del zoco, le llamó la atención una tienda de lámparas y se aproximó a su escaparate. Siempre le gustaron mucho ese tipo de lámparas, y ya tenía alguna en su casa, pero los destellos de los cristales de colores, atravesados por la luz, le atrajeron.
Estuvo ensimismada unos segundos, mirándolas, como hipnotizada, y notó una extraña sensación a su espalda. Al girarse, se encontró con los ojos de él, que también había sido atraído por los colores de las lámparas y la había reconocido de espaldas, aproximándose para sorprenderla.
Se saludaron sin quitarse la mascarilla, celebrando la casualidad de encontrarse justo allí, en medio de tanta gente, en el escaparate de aquella tienda, adelantándose a la cita.
Dentro, Ibrahim, apagó la mecha de la lámpara de cobre. Sonrió, al ver que había cumplido su objetivo de nuevo. Sabía, que otra pareja, en esa noche, fundirían sus sentimientos en uno solo. Así estaba escrito en el libro*.
* Ibrahim Elasri, hijo de Yurem, hijo de Vadhir, hijo de Ayman, hijo de Hadid.
Protector de uno de los pocos Albanum Maleficarum que aún existen.
Historia basado en echos reales
