
Córdoba. Puente Romano
La gitana que leía las manos en el puente me abordó. Apenas pude esquivarla, cogió una de mis manos y la leyó. Me miró a los ojos mientras cerraba mi mano y me la devolvía.
Ve esta noche a la Judería, cuando en el campanario de la torre den las doce, mira hacía ella y no te muevas, la primera persona que te hable, te dirá que está perdida y que necesita ayuda. Acompáñala, te llevará a lo que buscas.
No quiso unas monedas por su vaticinio. Se giró y se perdió caminando entre la gente. Me quedé desconcertado con la mano cerrada sobre mi pecho, tal como la había dejado.
Comencé a andar hacia la puerta del puente, antigua entrada de la ciudad. Sentía que algo me empujaba hacía el encuentro.
Anochecía, y aún me daba tiempo para asimilar lo que me llevó a volver a Córdoba.
