La Mirada del Gato

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He de confesarlo. Ese día el navegador se volvió loco, ninguna de las ordenes que le daba eran obedecidas. Opté por obedecer yo y dejarme llevar.
-¡Que más da, total, lo que quiero es perderme!- Eso es lo que creo que pensaba. Asumí mi derrota y me dejé guiar.
Fue la única vez, que recuerde, que terminé la carretera. Literal. No había más por donde seguir, así que opté por bajarme del coche en la aldea, cámara en ristre y a curiosear, que es lo que me gusta.
La aldea estaba desierta a esa hora. Solo el murmullo del aire por las callejuelas acompañaban mis pasos.
En mi imaginación, intentaba reconstruir antiguos esplendores de las ruinas que encontraba por doquier. Imaginaba los buenos tiempos en los que las casas habían sido habitadas, en los que los murmullos de las voces llenarían el vacío de sus calles, el olor a leña quemada que saldría de sus chimeneas ahora derruidas.
Me sigue admirando ver la unión de piedra y madera para conseguir crear espacios, para dar vida y proteger con esa unión. Siempre me he sentido fascinado por las construcciones de este tipo.
La sorpresa, fue saber que sí había alguien más esa mañana en la aldea. Lo descubrí a través del objetivo de la cámara, mirándome, observándome, quieto. Nuestras miradas se cruzaron un largo rato ya sin objetivo de por medio. No supe que podría estar pensando al mirarme, ni ahora al ver la foto tampoco se que pasaría por su mente.
¿Qué hay detrás de la mirada de un gato…? 
                                                                                       

                                       Dedicado a Ona, cuya mirada de amor me persigue por casa.

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