La Tarde

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Luarca. Asturias
Al llegar, la tarde estaba gris. Como anticipo de lo que se avecinaba y no supimos ver, los lugareños se recogieron pronto.
Tras el paseo por el puerto, y encaminados hacia la capilla de la atalaya, comenzó el diluvio. Corrimos como pudimos, protegiéndonos con las chaquetas de una lluvia cada vez más intensa. Vi una puerta abierta, tras la que había un pequeño cobertizo al que guíe a mis acompañantes y que nos protegió del aguacero. Fue después de vernos empapados, y de las risas, cuando nos dimos cuenta de donde estábamos. Nos habíamos colado en el cementerio.

Tras las consiguientes risas y gracias por el suceso, nos acomodamos como pudimos sobre unos pedestales de piedra y nos fuimos callando, dejando que el sonido de la lluvia nos acompañase.
Las vistas del puerto quedaban empañadas por las cortinas de agua que caían. Fue María, la que investigando en internet, rescató información sobre el camposanto en el que esperábamos mientras amainaba.

– ¿Sabéis que en este cementerio está enterrado Severo Ochoa?. ¿Y que está considerado uno de los diez cementerios más bonitos de España? – Paró un momento a limpiarse las gafas que se le empañaban y continuó ilustrándonos.
Dice, que también está enterrada una escritora que se llamaba Nené Losada Rico. Que hay más gente famosa, como uno de los fundadores de la empresa de autobuses Alsa, y de la banca Trelles-. Hizo un gesto que denotaba su desconocimiento de lo último sobre lo que informó y continuó leyendo. – Y que está edificado a doble altura. –

Continuó leyendo en silencio, y fue Esperanza la que soltó de sopetón – ¿Y quien era Severo Ochoa?.- Las carcajadas de su hermana Yolanda resonaron por el cementerio, lo que no le hizo gracia a Esperanza. Le recriminé que se riera así de su hermana, por no saber quien era Severo Ochoa, cuando dudaba yo que ella tampoco lo supiera.
  – No, si yo tampoco lo se, pero me hace gracia que lo pregunte al rato.- Volvió a soltar una carcajada que provocó una mueca de desagrado en Esperanza.
María, nos ilustró leyéndonos de la Wikipedia la vida y milagros de un nobel que reposaba a pocos metros de donde estábamos, sin saberlo.
Mientras, la tarde me hizo compartir con mis hijas unas de las mejores vistas que pude disfrutar de un mes de Agosto norteño. Verlas juntas, cerca de mi, caladas, riendo y peleando, haciendo las paces, compartiendo un tiempo que paga sus ausencias.
La tarde, nos regaló una tregua que nos permitió llegar al coche sin más lluvia, sorteando hileras de caracoles por las aceras, con el olor de un mar que aún vaga por estos recuerdos.

                                                                                                                                                                                                                                                                  Dedicado a Iolantha Miren y  Nadia.

 

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