El Oráculo de Tus Ojos

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Me preguntaba, sentado en las mareas de tu risa, si hacer eterno el deseo de comprometer mi vida en tus caminos.
El aire del oráculo me trajo las respuestas a mi vivir, allí, en medio del desierto del amor que me rodeaba.
Nada de lo que hasta allí llevé me servía, ni las ropas, ni los alimentos, ni lo sabido, ni lo querido.
El sol que nacía en cada amanecer, calentaba las manos de las diosas del templo en el que puse a madurar lo que de ti tenía, lo que de ti sabía, lo que de ti sentía. Allí, mirando en el oráculo de mi destino estabas tú. Naciendo de cada deseo, de cada parte del todo que soy.
Allí, las sacerdotisas del templo de mi cuerpo, de mi alma, dibujaron en cada poro de mi piel la sustancia que me hace amarte cada día, cada eternidad.
Me vestí, con las ropas de las fiestas en las que celebro mi unión contigo, con las ropas que me quitas con solo mirarme.
Bajé a la tierra de los encuentros, a las tierras de los ríos y mares en los que nado por ti. Y allí, hice la promesa del amor que me trajo a donde ahora paso mis horas. Allí, juré en los altares de tus ojos, que mi vida es camino que sigue tus labios, para hacer eterno, una y otra vez, este amor por ti.

Cuaderno del Camino. Etapa II

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