La Casona del Conde

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En la Casona del Conde conocí a Blanca. Blanca, trabajaba de guía los festivos, enseñando antiguas casas señoriales y palacetes. El tiempo, había dejado en sus paredes deshabitadas historias, que Blanca, adornaba mezclando lo académico y lo pagano.
Había estudiado sociología en Jaén, como delataba su acento. Por cosas de los amores y del trabajo emigró, y ahora se dedicaba a su verdadera pasión, que era la historia. La historia de la gente que en sus idas y venidas habían creado pueblos, y en ellos, sus propias sociedades, en un juego de clases por ser alguien o por aparentar, o simplemente por ser. Escudriñaba con esmero la historia que llevó a cada casa o palacio a ser lo que era, desde sus inicios a la actualidad, adornando con gracia la prosa que hacía entretenida sus explicaciones.
En una de las visitas que atendía, una profesora de universidad que la oyó, le animó a hacer una tesis en su universidad, sobre el impacto de las familias ricas, y en como estas familias eran las verdaderas arquitectas de la fisionomía de pueblos y campos como ese.
Gustaba oírla contar sus historias. Sus ojos chispeantes, detrás de unas gafas grandes de pasta, le conferían un aire académico, al que acompañaba con unas manos que no paraban de moverse, mientras hablaba e indicaba detalles de cada parte que enseñaba.
A la salida, le agradecí el entusiasmo que contagiaba, y que hacía sentir corta la visita. Me contestó que intentaba transmitir lo que sentía, con pasión y sin abrumar, y lo conseguía.

Unos años después, por circunstancias que no vienen aquí al cuento, repetí la visita. Blanca, seguía haciendo de guía. Había conseguido una de las plazas de animadora sociocultural del pueblo, dándole un empuje a las visitas guiadas, con su permanente energía. Teatralizó alguna de ellas, y otras las cubrió de un misterio nocturno por las empedradas callejuelas.
Su tesis, acabó en un doctorado que daba empaque a las presentaciones, como siempre, bien nutridas de datos e historias que hacían de las visitas un placer.

Compré su libro al terminar la visita, en la oficina de turismo. En la contraportada, unas líneas de la profesora que le llevó el doctorado, explicaban sucintamente, como Blanca descubrió a través de las investigaciones que su ascendencia provenía de ese mismo pueblo, lo que desconocía. 
Todo esa investigación para su tesis y posterior doctorado la plasmó en una novela, en la que su propia familia era la protagonista.
En mis manos, mientras Ona se acurruca a mi lado, voy desgranando página a página, la historia de una familia que de la nada, llegó a ser una de las más influyentes de la comarca, y viviendo en una de las casas, que casualidad o no, es la que una lejana descendiente, ahora, enseña en visitas guiadas a gente curiosa, que como a mí, le gusta asistir.

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