La Foto

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La foto se cayó de uno de los libros que me regalaron al irme. Libros llenos de dedicatorias y buenas intenciones manuscritas para el cambio de vida.
No sé en cuál de los libros exactamente iba la foto. Al sacar algunos de los libros de la bolsa, camino a la estantería, se deslizó y fue planeando hasta mis pies.
Al principio no identifiqué mi brazo en la foto, fue una mirada rápida, sin prestarle atención. Pensé en algún descuido del anterior dueño del libro, olvidando la foto entre las páginas, tal vez como marcador. La dejé sobre una esquina de la mesa, en la que iba amontonando todo lo que aún tenía destino incierto, a modo de cajón de sastre.

Fue más tarde, al sentarme ya para reposar de una tarde de organización y distribución cuando volví a reparar en la foto. Vi en su trasera una palabra escrita a mano con una fecha: Langosterira, Julio 99.
No era mi letra, pero el lugar me sonaba.
Busque la ubicación en google maps y localicé la playa cerca de Finisterre. Pensé durante un rato, rebuscando la conexión de recuerdos que me llevase hasta allí en el tiempo.
…langosteira, …. Finisterre, ….julio de 1999…..

Pude ir hilando recuerdos hasta que me localicé en la playa años atrás, culminando un periplo de días de largas caminatas haciendo el camino de Santiago. Cumpliendo con una de las tradiciones, hay que llegar a Finisterre, el final del mundo como hubo un tiempo en que se creía, y abandonar allí, en una especie de ritual de renovación algo de lo que acompañó durante el viaje.

Me vinieron muchos recuerdos olvidados de aquellos días, y tuve que hacer un esfuerzo para recordar a quién cogía la mano en aquella playa, como si la estuviese ayudando en un último esfuerzo para llegar a su destino deseado, tras tantas horas de caminatas.
Pero algo me sorprendió aún más que el haber encontrado aquella fotografía. La persona a la que sujetaba la mano, no tenía nada que ver en el espacio y en el tiempo con los que me habían surtido de material literario reciclado para mi nueva casa. Nada, unía aquella instantánea ni la relacionaba con las personas que años después me ofrecieron bolsas llenas de libros.
…..¿ y entonces…? ¿ de dónde ha salido esta foto..? ¿ cómo ha llegado aquí…? …no es posible…

Esa foto nunca llegué a verla anteriormente, aunque recordé que hizo varias con su cámara en la última semana, en la que nos unió algo más que las ganas de acabar unidos el camino. Luego, cosas del destino, la distancia pudo más que el deseo de estar juntos. Apenas intercambiamos alguna carta y alguna llamada de teléfono, pero nada más.

¿Cómo era posible entonces, que aquella foto que demostraba un paseo compartido en la playa hacía diecisiete años, apareciese ahora en una casa en la que recién me estaba instalando?. ¿Y cómo, si no era posible unir aquella persona con las que me donaron los libros para rellenar estanterías y tiempo en mi nueva casa?. El único nexo que unía a esas personas era yo. Nada más.

Me desperté con la foto aún en la mano. La volví a mirar, a preguntarme de que forma, el hilo rojo que nos conecta a las personas por las que nos hemos sentido unidos, hizo que esa foto me trajese su recuerdo y porqué.

Tras observarla, durante un largo rato, me propuse investigar cómo era posible que esa foto hubiese llegado a mis manos años después, accidentalmente, ¿o no…?

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