Volvió el padre Simón al convento
y con su retórica entretener,
sus dichos afirman al momento
que antes de penar, hay que comer.
La hermana Ángeles repasa el día
con ofrendas y misterios por laborar,
es la hermana Emilia quien no pía
si no le incitas a contar.
Sor Encarna mira y calla
recoge velas y apunta sin parar,
es la hermana Rían quien sabe y no falla
las proporciones del postre que te hará pecar.
Bartolín, habla con ironía y sarcasmo
le cuesta seguirle a su ilustrísima Miguel,
¿es la escuela de Lutero o Erasmo?
no le haga ud. caso padre, ni este ni aquel.
Encendida la pesquisa y su debatir
llegan las hermanas al coro del saber,
cogen sitio a ratos para sentir
que algo de sabiduría pueden aprender.
En el coro las visitas sin reparo
con café vienen y van,
las hermanas Merche Nuria y Charo
paran poco, a veces ni están.
Cada día un rezo y bendición
pan aceite y azúcar se ofrecen al señor,
si te duermes y tardas no llegas al sermón
en este convento se peca, quiera o no el director.
Dedicado e inspirado en los compañeros y compañeras con los
que comparto desayunos en el Rosalía.
